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10 de Marzo de 2010


 
 
  Análisis

 

Número 2: Junio-diciembre de 2008

Resumen

Durante el segundo semestre del 2008 predominaron las siguientes tendencias:

  • Cambio del contexto externo, dado por el retorno de Cuba a mecanismos regionales de concertación e integración; la elección de Barack H. Obama a la presidencia de Estados Unidos; la promoción de los intereses de Rusia y China en América Latina, con la realización de visitas de alto nivel que incluyeron a La Habana; y la suspensión de las sanciones políticas de la Unión Europea. Estados Unidos ha pasado a ser el quinto socio comercial de Cuba, pese a las restricciones del embargo; y la diáspora y exilio cubanos han tenido gestos y dado pasos conciliatorios, con el anuncio de su disposición a dialogar sobre un conjunto limitado de asuntos humanitarios, referidos a las políticas migratorias de la isla y de Estados Unidos que afectan a las familias divididas.
  • Inmovilismo del contexto interno, pese al deterioro sensible de la ya delicada situación social, agravado por el impacto de las tormentas Fay, Gustav, Ike, Paloma y Hanna. Ninguna reforma significativa del régimen de gobernabilidad ha tenido lugar después de dos años y seis meses de que Fidel Castro traspasara parte de sus poderes y cargos a su hermano Raúl. El cambio interno de real significado ha sido el operado en la subjetividad de la población.

Sin embargo, puede afirmarse que en el 2008 ocurrieron ciertos cambios de políticas y personas –-no estructurales, ni de conceptos-- dirigidos a sostener una política continuista bajo la presidencia de Raúl Castro. Es el caso de la sustitución y/o desplazamiento a un segundo plano de dirigentes allegados al ex mandatario, el lanzamiento de una ofensiva de “disciplina y orden” contra el sector informal de la economía, y el anuncio de nuevas medidas de austeridad que deberán afectar a las capas medias de dirigentes y tecnócratas.

La principal interrogante en el 2009 es cómo el gobierno cubano va a percibir e interpretar el cambio ocurrido en el contexto exterior.
 
La ventana de oportunidad que se le abre al gobierno apenas tiene dos años: 2009 a 2010. En el 2010 se producirán elecciones en varios países de la región –-entre ellos Brasil y Chile-- donde los candidatos de oposición conservadores tienen buenas perspectivas hasta el presente. En el caso de Estados Unidos, si los cambios en la política hacia Cuba no comienzan a decidirse en los primeros años del mandato de Obama, es improbable que se tomen iniciativas electoralmente arriesgadas después del 2010, cuando de hecho comenzaría la campaña presidencial del 2012 en ese país.
 
Por otro lado, cualquier suceso internacional puede imponer una lógica interna a la política exterior de Washington que conduzca al cierre temprano de la posibilidad que ahora se abre a la distensión. Esa fue la experiencia cuando la invasión soviética a Afganistán definió la balanza en favor de la línea dura global que perseguía Zbigniew Brezinsky, entonces consejero de Seguridad Nacional del presidente Jimmy Carter, en detrimento de la que impulsaba Cyrus Vance como secretario de Estado.
 
Si la elite de poder cubana considera que los cambios ocurridos en el contexto externo en el 2008 son prueba de que el inmovilismo da resultados, y además se aferra a esa postura, es de esperar que pronto se disipe el capital político obtenido por esa vía y en consecuencia las oportunidades que ahora se ofrecen. Si por el contrario, aprovecha la coyuntura externa para flexibilizar su política interna es posible que obtenga considerables recursos con los cuales pueda mejorar el deteriorado contexto interno que enfrenta.
 
Otro tanto ocurre con la concepción de seguridad nacional. La gobernabilidad seguirá siendo precaria mientras no se comprenda que ella no depende de la eficacia del aparato militar y de la gestión de incondicionales en la elite de poder. Sólo abriendo espacio al disenso e impulsando reformas significativas podrá Raúl Castro alcanzar eficacia y ganar la legitimidad interna y externa a la que aspira. Sus enemigos más peligrosos no son hoy Estados Unidos y el exilio cubano, sino el estilo de pensamiento conservador, estatista y autoritario que caracteriza su entorno.
 
El desplazamiento en la mentalidad popular de expectativas –-y por tanto de legitimidad-- de Raúl Castro hacia la nueva política que Obama pudiera desarrollar hacia la isla, conjugado con el agravamiento de la situación social después de los huracanes que azotaron el país, y la situación de la economía mundial, hacen cada vez mas arriesgada la apuesta por el inmovilismo y la coerción como mecanismos de gobernabilidad.
 
De llegar a coincidir en el 2009 la definitiva desaparición física o pública de Fidel Castro con modificaciones en la política hacia Cuba por parte de la Administración Obama, y con la celebración del largamente pospuesto Congreso del PCC, Raúl Castro tendría una nueva y última oportunidad de dar pasos concretos hacia la solución del conflicto con Estados Unidos, y de demostrar su voluntad de introducir cambios de algún calado en la realidad de su país. En ese instante tendrá que optar, de manera definitiva, entre la visión militarizada y estatizada de la gobernabilidad que hoy impera en Cuba, o aquella otra que la concibe como un proceso de reforma revolucionaria hacia una sociedad equitativa y justa, pero también democrática y sustentable.




I- Cambio del contexto externo

Actores gubernamentales
 
El cambio operado en el entorno externo ha estado marcado por varios eventos: El ascenso del protagonismo regional brasileño; el descenso de la capacidad de influencia política de Venezuela, derivado de la caída del precio del petróleo --que golpea también a Ecuador y a Bolivia en el eje “bolivariano” de Hugo Chávez--; la victoria de Barack Hussein Obama en las elecciones de Estados Unidos, incluida la votación en el estado de Florida; y la suspensión de las sanciones impuestas a Cuba en 2003 por la Unión Europea. A ello se suma el renovado interés comercial de China en la región, y la nueva estrategia de la Federación Rusa de tomar iniciativas en diferentes puntos (Medio Oriente, América Latina y Caribe) que le sirvan de contrapeso y carta de negociación para revertir la impulsiva política de George W. Bush en su entorno fronterizo. 
 
Las posibilidades que se le abren al gobierno de Raúl Castro no son tanto el resultado de grandes victorias de su diplomacia, ni de su tozudez interna, como la diversidad de  actores internacionales que creen poder usar la baraja de Cuba en favor de sus intereses en la actual coyuntura.
 
Brasil no podría haber logrado la asistencia y beneplácito regional para crear una nueva entidad regional --que tiende a desplazar el protagonismo del ALBA bolivariano--, de no haber puesto en su centro la incorporación de la isla a ese grupo de países. Rusia estaba interesada en demostrar a la nueva Administración Obama que no piensa seguir tolerando una política dirigida a la incorporación a la OTAN de estados fronterizos, ni el emplazamiento de nuevos sistemas antimisiles en Polonia y Republica Checa. China quiere intensificar su penetración financiera y económica en la región en un momento de descalabro estadounidense en esos campos. La Unión Europea decidió poner fin a la controversia entre sus miembros sobre las sanciones a Cuba para no quedar a la zaga de cualquier cambio por parte de la Administración Obama, aunque mantiene el tema bajo evaluación hasta ver si es posible afinar una concertación sobre el caso cubano con el nuevo inquilino de la Casa Blanca.
 
Los dos principales actores externos gubernamentales del conflicto cubano no escapan a los cambios del 2008.

En Estados Unidos –principal adversario externo del gobierno cubano-- resultó electo presidente, por vez primera, un joven liberal afro descendiente que ha desatado una ola de buena voluntad y expectativas en la opinión pública estadounidense y mundial. Esa admiración y simpatía incluye a la población cubana y a buena parte de la comunidad cubano americana de Florida, cuyo voto obtuvo sobre todo entre los más jóvenes.
 
En el caso de Venezuela --principal aliado externo del gobierno cubano--, 2007 cerró con la derrota de Hugo Chávez en un plebiscito con el cual pretendía liberarse de la rotación presidencial obligada que dictamina su Constitución Bolivariana, mientras 2008 concluye con un nuevo intento de reponerse de aquella derrota, después de un proceso electoral durante el cual perdió los estados de mayor densidad de población e importancia, así como la alcaldía de Caracas. La caída vertiginosa del precio del petróleo pone un límite importante a Chávez respecto a su capacidad de influencia política interna y regional, así como en sus subsidios a Cuba.

Vistos de cerca estos cambios:
 
a) Son el  resultado de tendencias y coyunturas nacionales, regionales y mundiales en las que los gobiernos sopesan su posición respecto al gobierno cubano en función de sus propios intereses internos y externos. No son, en ese sentido, consecuencia directa de la gestión diplomática del gobierno de la isla.
 
b) Resultan favorables a una transformación gradual y no violenta del régimen de gobernabilidad cubano, no a la apuesta por la permanencia del status quo actual. Tanto en Caracas como en Moscú y Beijing coincide el interés por que el gobierno cubano emprenda una reforma estructural capaz de hacer viable su economía, de modo que pueda ser un socio y no una carga.
 
c) Serían temporales, en tanto si el gobierno cubano no emprende cambios sustantivos  en su contexto interno para insertarse en esa coyuntura externa favorable, puede perder la oportunidad que ella le brinda. Los venideros procesos electorales latinoamericanos, la dinámica de la política en Estados Unidos, la recuperación de los consensos en la alianza Atlántica, el mejoramiento de las relaciones de Estados Unidos con Rusia, la incertidumbre en torno al futuro de Chávez pueden cambiar este panorama en un par de años, y La Habana habría definitivamente “perdido el tren”. Para entonces, iniciar cambios en un contexto internacional menos favorable al actual pudiera resultar más costoso para el gobierno cubano en ejercicio.

Diáspora y exilio

Nota aparte merecen los positivos cambios operados en la diáspora y el exilio cubanos en los últimos tres años.
 
Las medidas tomadas por George W. Bush en febrero del 2004, que limitan  los viajes y envío de remesas a Cuba de los cubanos radicados en Estados Unidos, tuvieron un impacto político enajenante sobre la diáspora cubana en general –-ahora formada por generaciones mas jóvenes-- e incluso sobre aquel sector más envejecido y políticamente activo formado por el llamado exilio cubano. La insensibilidad política de los congresistas cubano americanos que impulsaron esas medidas se hizo desde entonces vulnerable, y entre sectores del exilio surgió el llamado Consenso Cubano --formado por dos docenas de organizaciones, entre las que destaca la Fundación Nacional Cubano Americana-- que tomó distancia del tradicional apoyo incondicional al Partido Republicano.
 
En este período en particular, la crítica situación creada por el impacto de los huracanes hizo más evidente la necesidad de acercar a las familias cubanas. Varias organizaciones del exilio se movilizaron en sucesivas peticiones a la Administración Bush para que autorizara un levantamiento, aunque fuera parcial, de las sanciones sobre los viajes a la isla y el envío de ayuda y remesas a familiares. El movimiento de recogida masiva de donaciones creado por estas organizaciones, de consuno con entidades religiosas y caritativas, se tradujo en las diversas variantes de ayuda y el creciente monto de las diversas ofertas que la Administración extendió al gobierno de Raúl Castro, rechazadas todas por éste. 
 
Los cambios más significativos operados en la diáspora y exilio cubanos en Estados Unidos son los siguientes:

  • La FNCA se ofrece para ser anfitrión de Obama en la primera visita del candidato afro americano a la ciudad de Miami, y se establece una ruptura con las posturas republicanas anteriores de esta principal organización del exilio cubano.
  • Obama, con el apoyo del nuevo “centro” del exilio gana el apoyo de parte sustantiva de la diáspora con su promesa de levantar las restricciones de viajes y remesas, pese a su disposición a dialogar sin condiciones previas con Raúl Castro.
  • Los sectores más conservadores del llamado exilio histórico logran sostener a los tres congresistas cubano americanos, pero pierden influencia en la política estadounidense y dentro de la diáspora.
  • La no violencia como filosofía política para el cambio en Cuba se extiende dentro del exilio, impulsada por la nueva plataforma centrista de Consenso Cubano. A su vez, ese nuevo movimiento centrista del exilio le permite gozar de una credibilidad e interlocución con el Washington de Obama, la Unión Europea --incluyendo a España-- y con diversos gobiernos latinoamericanos a los que no tienen igual acceso los representantes del sector radical.

II- Inmovilismo del contexto interno
 
El año 2008 concluye con el agotamiento de las expectativas que buena parte de la población puso en Raúl Castro a partir de su promesa de iniciar reformas estructurales en el país, y su desplazamiento hacia Obama, en la esperanza de que el nuevo mandatario pueda poner en marcha políticas que alivien la situación nacional.
 
Tanto a mediados como a fines de año, tras la celebración de las dos semanas de sesiones anuales de la Asamblea Nacional, el presidente Raúl Castro se limitó a reclamar una mejor administración del Estado, pidió a los cubanos más austeridad, y anunció tiempos difíciles. En ninguna de estas sesiones quedaron definidas públicamente las demandas que la población hiciera durante la discusión del discurso de julio de 2007 del gobernante cubano, cuando prometió reformas estructurales, ni el orden de prioridades que el gobierno le pudiere conferir a las potenciales reformas. En su lugar, Raúl Castro dijo que los difíciles problemas por los que atravesaba Cuba obligaban a aplazar cualquier cambio. El mandatario, además, anunció que el cambio de moneda reclamado por la población necesitaba de más estudio y varios años para su implementación. La puesta en marcha de la anunciada reforma salarial y sistema de pagos quedaba aplazaba desde su anuncio en junio para el 2009. Se aprobó sin embargo una ley de seguridad social que alarga la edad de retiro a cinco años tanto a hombres como a mujeres. 
 
La anunciada reestructuración del gabinete de gobierno también quedó pospuesta. No obstante, se produjeron cambios y nombramientos tendientes a favorecer a funcionarios y oficiales cercanos al nuevo presidente, y a desplazar de sus puestos a algunos cuadros próximos a Fidel Castro. La sesión de febrero de 2008 de la Asamblea Nacional sirvió para promover a vicepresidente primero a José Ramón Machado Ventura, símbolo del conservadurismo e inmovilismo partidista. El movimiento con Machado Ventura cerró el paso a la promoción de Carlos Lage a esa posición, a quien luego se le limitó parte considerable de sus funciones –-y cercenó sus contactos exteriores-- al crearse otra vicepresidencia para asuntos económicos vinculados a las relaciones internacionales a cargo de Ricardo Cabrisas. Al octogenario José Ramón Fernández se le asignaron funciones plenipotenciarias de supervisión de todo el sistema de educación nacional. Ulises Rosales del Toro fue nombrado ministro de Agricultura, sector declarado como de alta prioridad en el país, a pesar de que al frente de la cartera del Azúcar el general no había logrado aumentar la producción azucarera a niveles significativos y que bajo su gestión se produjo la zafra más baja de la historia de Cuba en el último siglo.  
 
Otros movimientos interesantes fueron los de personajes asociados de manera cercana a Fidel Castro, como la remoción de su ayudante personal Carlos Valenciaga y la del dirigente estudiantil Hassan Pérez Cassabona. El general Ramón Espinosa Martín --a cargo del Ejercito Oriental y quizás el oficial de mayor trayectoria y prestigio después del fusilado general Arnaldo Ochoa -- fue promovido a viceministro de las FAR con grandes ceremonias y honores, pero removido por esa vía del mando directo de tropas.
 
En diciembre de 2008, el número de cambios efectuados por el gobierno de Raúl Castro se reducía a la repartición de tierras ociosas con vistas a aumentar la producción agrícola, a la legislación que permite el regreso a las aulas de maestros ya retirados, al aumento de licencias a taxistas privados, a un alza y rebaja sucesivas en el precio de los combustibles, y al anuncio de la creación de una rigurosa contraloría, un recorte de gastos oficiales y la paulatina eliminación de gratuidades y subsidios. El reclamo popular de cambios en las regulaciones migratorias, hecho público por parte de varios intelectuales y artistas a lo largo del año, o la ley que otorgaría libertades explícitas a homosexuales, y permitiría cirugías de cambio de sexo, apoyada por el Centro Nacional de Educación Sexual, quedaban además sin mención.

Aun cuando fue reconocido oficialmente un aumento de la deuda externa, la disminución en el número de negocios con firmas extranjeras, un sensible déficit comercial, y pérdidas cercanas a los 10 mil millones en todo el país, tras el paso de tres grandes huracanes y otras adversidades climáticas --que incluyeron cerca de 500 mil viviendas dañadas o destruidas y la seguridad de experimentar carencias de alimentos por un período no menor de seis meses--, el gobierno cubano no ensayó reformas que permitieran el ejercicio de iniciativas privadas o cooperativas, sugeridas por numerosos economistas de centros oficiales. Tras el paso de los huracanes, en cambio, el gobierno aumentó las medidas que desde junio había iniciado de cierre de pequeños negocios, confiscaciones de bienes y envíos a prisión de los implicados, e impuso severas condenas a los acusados por robo, acaparamiento y venta ilegal de productos alimenticios, combustible y materiales de construcción. Los tribunales cubanos actuaron con "celeridad y severidad" sobre un mercado informal que había permitido la sobrevivencia del cubano de a pie desde los años 90, ante la incapacidad productiva del Estado, y aumentaron de hecho las carencias de la población.
 
Desde antes de la desolación causada por los huracanes, las necesidades de vivienda provocaron migraciones internas, de las zonas periféricas hacia los principales polos urbanos y turísticos, que se intentaron contener mediante el uso de la fuerza. Barriadas improvisadas como favelas en torno a ciudades como Holguín fueron derribadas y sus pobladores obligados a retornar a sus sitios de origen.
 
Es en este escenario represivo y de inmovilización que las propuestas de reformas del sistema socialista, enunciadas sistemáticamente por varios intelectuales cubanos residentes en la isla en sitios en Internet fuera de Cuba, comenzaron a disminuir en el último cuatrimestre, hasta quedar prácticamente silenciadas. Por su parte, las organizaciones opositoras sufrieron el constante hostigamiento y represión por parte de las autoridades, quienes hicieron uso de las detenciones arbitrarias por breve período de tiempo, del envío a prisión de activistas pacíficos bajo la figura de “peligrosidad social predelictiva”, y del uso de la fuerza. No hubo cambios de significación en el número de prisioneros políticos, ni en las condiciones carcelarias para presos políticos y comunes, denunciadas por activistas de derechos humanos como inhumanas.
 
La falta de incentivos de los trabajadores en sectores controlados por el Estado se hizo evidente de manera especial en la educación durante este período. En medio del clima de debates suscitado a inicios de año en el país, la población y algunos dirigentes alertaron acerca del deterioro de la enseñanza elemental y secundaria, lo cual condujo a legislaciones especiales y a la sustitución del ministro en ejercicio. El cúmulo de problemas experimentados cobró una alta cuota de ineficiencia en este sector que junto a los servicios de salud pública habían sido históricamente presentados por los dirigentes cubanos como orgullo de sus gestiones. La insuficiente preparación de los llamados “maestros emergentes” creados por Fidel Castro --adolescentes recién graduados de la enseñanza elemental convertidos en maestros en cursos breves ante la carencia de profesionales-- dio lugar a bajos rendimientos académicos, situaciones de maltratos físicos y a un dramático hecho de sangre en el que un alumno de secundaria básica, de 12 años, perdió la vida ante la violencia de uno de estos nuevos maestros. Los medios oficiales, bajo el control del Partido Comunista de Cuba, dieron cuenta parcial de las discusiones sostenidas en asambleas partidarias y sindicales del sector, mientras en los llamados reiterados de las organizaciones políticas y de masas se hizo evidente la renuencia de los jóvenes a incorporarse a las carreras pedagógicas. El año cerró con el Pleno del Partido en Villa Clara dando cuenta de la imposibilidad de detener el éxodo de alumnos en carreras pedagógicas, cuando en julio, sólo en Ciudad de La Habana, se había encarado un déficit de 8,576 maestros.
 
La victoria de Barack Obama en noviembre tuvo una considerable repercusión en la población cubana, por razones políticas y por el desplazamiento de esperanzas de reformas hacia la solución de un conflicto cercano a los 50 años, frente al inmovilismo doméstico. El hecho de que el presidente electo norteamericano es un negro, descendiente directo de un emigrante africano, tocó además la sensibilidad de muchos cubanos que desde hace años vienen denunciando que el racismo es todavía un problema grave en su país. La persistencia del racismo en Cuba inquieta a sectores de la intelectualidad, que piden abrir un debate sobre este problema presente en la vida cotidiana, donde la promulgada igualdad de derechos no ha garantizado la paridad de oportunidades para todos los grupos sociales.  Aun cuando el Partido Comunista creó una comisión especial a fines de 2007 para atender este problema, no fue hasta este año, coincidentemente con la campaña electoral en Estados Unidos por la presidencia, que tomó auge el proyecto Color Cubano bajo la sombrilla de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
 
A lo largo de 2008, y en ocasiones en paralelo a las declaraciones del presidente cubano, Fidel Castro fue un activo impulsor del inmovilismo existente mediante sus Reflexiones en los medios oficiales. El todavía Primer Secretario del Partido Comunista dictó pautas ideológicas acerca del peligro de implementar cambios en la isla y de las relaciones con Estados Unidos, dio a entender que existen divisiones dentro de la elite de poder, amonestó a dirigentes, advirtió sobre la necesidad de una rigurosa disciplina y de establecer un orden absolutamente racional de prioridades  partiendo siempre del principio de que “nada es fácil". Es de esperar que en los meses sucesivos, durante las discusiones que deberán anteceder a la celebración del Congreso del Partido Comunista de Cuba, y durante sus sesiones, la presencia o ausencia física de Fidel Castro diseñe el futuro del país, hacia el continuismo o hacia las reformas tan largamente esperadas.
 
Al cierre de este análisis (enero 11, 2009) se aprecia la ausencia por casi cuatro semanas de las reflexiones --o de fotos-- de Fidel Castro. La prensa oficial no ha confirmado que haya recibido a algún visitante extranjero. El hecho no sería significativo si no contrastase con el marcado periodo de actividad desplegado por el convaleciente Primer Secretario en las semanas precedentes. También porque ante algunos hechos y fechas –-tales como la incorporación de Cuba a un nuevo mecanismo regional que excluye a Estados Unidos y Canadá; la crisis en Gaza; y sobre todo el 50 aniversario del triunfo revolucionario de 1959 que lo llevó al poder--, hubiera sentido la necesidad inexcusable de publicar algún artículo. Sólo un escueto mensaje de unas quince palabras fue publicado en Granma bajo su firma, el 31 de diciembre, en el cual felicitaba al pueblo por el nuevo año y el aniversario en cuestión.
 
De llegar a coincidir en el 2009 la definitiva desaparición física o pública de Fidel Castro con modificaciones en la política hacia Cuba por parte de la Administración Obama, y con la celebración del largamente pospuesto Congreso del PCC, Raúl Castro tendría una nueva y última oportunidad de dar pasos concretos hacia la solución del conflicto con Estados Unidos, y de demostrar su voluntad de introducir cambios de algún calado en la realidad de su país.
 
En ese instante tendrá que optar, de manera definitiva, entre la visión militarizada y estatizada de la gobernabilidad que hoy impera en la isla, o aquella otra que la concibe como un proceso de reforma revolucionaria hacia una sociedad equitativa y justa, pero también democrática y sustentable.

III- Conclusiones
 
El balance del 2008 apunta del siguiente modo:

  • La ventana de oportunidad que se le abre al gobierno cubano apenas tiene dos años (2009-2010). En diciembre del 2009 debe elegirse un nuevo presidente en Bolivia, y en el 2010 se producirán elecciones en varios países de la región --entre ellos Brasil y Chile-- donde los candidatos de oposición conservadores tienen buenas perspectivas en el presente. En el caso de Estados Unidos, si no han sido decididas anteriormente, es improbable que se tomen iniciativas electoralmente arriesgadas después de 2010, cuando de hecho se inicia la campaña presidencial de 2012. Por otro lado, cualquier suceso internacional puede imponer otra lógica interna a la política exterior de Washington que conduzca al cierre temprano de la oportunidad que ahora se abre a la distensión. Esa fue la experiencia cuando la invasión soviética a Afganistán definió la balanza en favor de la línea dura que perseguía Zbigniew Brezinsky, entonces consejero de Seguridad Nacional del presidente Jimmy Carter, en detrimento de la que impulsaba Cyrus Vance como secretario de Estado.
  • Si la elite de poder cubana considera erróneamente que los cambios ocurridos en el 2008 en el contexto externo son el resultado de sus gestiones diplomáticas, y se admiten como resultado del inmovilismo, es de esperar que pronto se disipe el capital político obtenido por esa vía y las oportunidades que en este instante se ofrecen. Si por el contrario, aprovecha la coyuntura externa para flexibilizar su política interna, es posible que obtenga considerables recursos con los que pueda mejorar el deteriorado contexto interno que ahora enfrenta y ganar legitimidad política y económica. La celebración del Congreso del Partido Comunista a fines de 2009 y el proceso previo de discusiones que debe tener lugar, son circunstancias propicias del sistema para definir y acuñar un real proceso de cambios.
  • El desplazamiento en la mentalidad popular de expectativas –-y por tanto de legitimidad-- de Raúl Castro hacia la nueva política que Obama pudiera desarrollar hacia la isla, conjugado con el agravamiento de la situación social después de los huracanes, y la situación de la economía mundial, hacen cada vez más arriesgada la apuesta por el inmovilismo y la coerción como mecanismos de gobernabilidad.

© Grupo de análisis Con CUBA

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