Cambios nacionales e internacionales en Cuba Desde octubre de 2007 y hasta el fin del mes de mayo de 2008, importantes acontecimientos nacionales e internacionales han impactado significativamente la vida nacional. En la arena internacional, tuvieron repercusión en la Habana, a) la derrota del referendo constitucional en Venezuela; b) el conflicto desatado por la incursión colombiana en territorio de Ecuador; y c) la visita a Cuba del presidente de Brasil --una potencia emergente regional y, en breve, gran productor de petróleo—dispuesto a participar con Cuba en esta fase de transición de poder. Estos acontecimientos fueron un llamado de alerta para la dirigencia cubana acerca de los riesgos que implica sobredimensionar la relación política con el presidente Hugo Chávez, o poner todos los huevos en la canasta de la Revolución Bolivariana. Altos funcionarios cubanos viajaron a Brasil, China y África en lo que parecía un interés por explorar potenciales alianzas alternativas, en caso de que los acontecimientos en Caracas pudieran tener un impacto negativo en La Habana. En ese sentido, actuó también el conflicto desatado en Sudamérica, en el que si bien hubo declaraciones de Fidel Castro apoyando fervientemente a Chávez y al presidente de Ecuador, el gobierno recién nombrado cuidó la relación con Colombia, adonde envió posteriormente una delegación de alto nivel que fue recibida por el presidente Uribe. Una semana después de la derrota de Chávez, el canciller Felipe Pérez Roque anunció que Cuba estaba dispuesta a firmar dos tratados internacionales de derechos humanos que cubrían aspectos económicos y sociales, así como civiles y políticos. También a raíz de los resultados del referendo venezolano, se concretó la visita del presidente Luiz Inácio Lula da Silva a Cuba; tuvo lugar en Madrid la segunda ronda de conversaciones sobre derechos humanos, tras la cual a un pequeño número de prisioneros políticos en precarias condiciones de salud les fue dada la opción de permanecer en prisión o viajar a España; un representante de la Unión Europea fue recibido por la cancillería cubana para sostener un intercambio preliminar acerca de la potencial normalización de relaciones con ese bloque; y Raúl Castro se reunió en La Habana con el secretario de Estado del Vaticano, la primera visita oficial recibida por Castro como presidente de Cuba. El plano interno ha estado marcado también por varios eventos importantes: a) El retiro formal de Fidel Castro y el nombramiento oficial de su hermano Raúl como presidente.
b) La designación del nuevo Consejo de Estado en el que cuadros jóvenes, como Carlos Lage, fueron desplazados por colaboradores más viejos y cercanos a Raúl Castro, como José Ramón Machado Ventura.
c) Las discusiones que tuvieron lugar durante el examen a que fue sometido nacionalmente el discurso de Raúl Castro del 26 de julio de 2007, las cuales arrojaron un total de 1,300,000 planteamientos; sumadas a las sostenidas en el período previo al Congreso de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), y durante los cuatro días del congreso, todo lo cual brinda amplias evidencias de que está teniendo lugar un cambio significativo en la mentalidad y actitudes de los cubanos.
d) La celebración del VI Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba que convocó a la celebración del VI Congreso, tras 10 años de haberse celebrado el último, y donde se declaró “el fin de la provisionalidad” decretada en 2006 con la enfermedad de Fidel Castro.
e) La adopción gradual de decisiones por parte del nuevo gobierno. Una parte de las resoluciones puestas en vigor se han orientado hacia la remoción de medidas administrativas irritantes e inconstitucionales, como la prohibición a ciudadanos de la isla al acceso y disfrute de hoteles, al acceso a la telefonía celular, y a la adquisición de DVDs y computadoras, aunque sin conexión con Internet. Otras decisiones más prometedoras implican la desconcentración de los mecanismos de decisión, producción y administración en el sector agrícola. Se ha puesto énfasis en las recién creadas Delegaciones Municipales, como parte de una reestructuración del Ministerio de Agricultura que ha suprimido ya 106 empresas estatales. Se trata de un reajuste que reclama, no solo de un cambio de estructuras, sino de mentalidades entre funcionarios y productores, requiere una importante inyección de capitales y el ajuste de las operaciones del nuevo mecanismo. Desafíos del gobierno de Raúl Castro Entendemos por “régimen” al conjunto de normativas (tanto legales como administrativas o aquellas normas de comportamiento dictadas por la moral y tradiciones prevalecientes) que gobiernan las relaciones entre el Estado, el Mercado y la Sociedad Civil. Es esa normatividad regimentada la que condiciona no sólo el modo en que se producen y distribuyen mercancías y servicios, sino también las cuotas de poder político y participación económico-social en el país. Su uso sociológico dista de ser el empleado por medios de prensa o funcionarios de gobiernos extranjeros en un sentido peyorativo. La actual naturaleza centralizada, verticalista, estatizada y autoritaria del régimen cubano --nacido y diseñado en otro contexto histórico nacional e internacional-- le impide hoy alcanzar la necesaria eficiencia para generar riquezas nacionales, aportar innovación, y proveer prosperidad y canales abiertos de movilidad vertical que contribuyan a sostener la legitimidad del sistema. Es por eso que la necesidad de producir un cambio de régimen -gradual pero radical- es medular para la gobernabilidad y seguridad nacional de la isla. La necesidad de reconocer la perentoriedad de generar una transformación del actual régimen cubano no tiene nada que ver con los llamados al “cambio de régimen” emanados de la política exterior de la administración Bush. En la medida en que hay más de una forma especifica de entrelazar al Estado con el Mercado y la Sociedad Civil, en un contexto democrático y con una economía de mercado, es posible aseverar que hay mas de una transición o cambio de régimen posibles en el caso de Cuba. Una de ellas, incluso, es la que podría caracterizarse como un cambio hacia otro régimen de socialismo democrático, como han propuesto en los últimos meses varios académicos de la isla comprometidos con una visión socialista de su sociedad. La realidad cubana que hereda Raúl Castro le presenta numerosos desafíos, entre los que se destacan: 1. La resistencia al cambio que le presentan fuerzas conservadoras dentro del liderazgo cubano que aspiran solamente a reformas dentro del actual régimen. 2. La crisis estructural del régimen vigente. El socialismo de estado cubano surgió y pudo desarrollarse en el contexto del hábitat internacional bipolar de la Guerra Fría que fuera transformado radicalmente y del que supo derivar, de forma ilimitada, los recursos necesarios para su reproducción. El régimen cubano –en su actual diseño- no encuentra en el presente hábitat internacional los medios apropiados para su sostenimiento y reproducción ni es capaz de generarlos para su autosostenimiento. 3. La ausencia de aliados estables que aporten financiamientos ilimitados. El sostenimiento del régimen vigente depende de las posibilidades de créditos que le permitan mantener a flote la economía nacional. La inversión extranjera es escasa en comparación con la habitual en otros países de la región y con ella se comparten las utilidades. La cooperación internacional es igualmente baja en comparación con la que reciben países similares La isla no pertenece a ningún bloque de comercio que le aporte acceso privilegiado a grandes mercados como EEUU o el Pacto de Cotonou de la Unión Europea con países en vías de desarrollo. Los desmesurados impuestos estatales sobre las remesas no son equiparables, como recursos para el desarrollo, al potencial que ellas tendrían para generar capital nacional y fomentar empleos, si se permitiese su capitalización por parte de los receptores. El subsidio proveniente de Venezuela no se acerca en magnitud ni variedad de recursos al que antes llegaba a Cuba desde Moscú, ni el gobierno de Chávez demuestra suficiente estabilidad y permanencia como en su momento tuvo la URSS. 4. La situación social y las tendencias demográficas. Cuba tiene una rápida tasa de envejecimiento, una tasa negativa de nacimientos. Adicionalmente hay una descapitalización humana de talentos y jóvenes que prefieren emigrar (sólo en el último semestre, unos 11,000 cubanos han intentado llegar por diversas vías a Estados Unidos). Con una economía que ostenta bajas tasas de productividad y un sistema de cobertura universal de servicios de salud, educación y pensiones hay un efecto de tijeras entre los recursos disponibles y los gastos sociales crecientes que esas tendencias demográficas determinan. Los bolsones de pobreza han ido expandiéndose y están presentes en casi todas las regiones urbanas y rurales. La pobreza y falta de perspectivas no sólo genera migración hacia fuera, sino también desplazamientos internos que presionan a los servicios locales de los lugares de arribo, y fomentan estilos de vida marginales entre los pobladores de esas improvisadas villas miserias que crecen alrededor de algunas ciudades. Los casos más conocidos son los de Ciudad de la Habana y Holguín, en zonas polares de la isla. La violencia social y actividades delincuenciales siguen en ascenso. El desempleo, en especial entre los jóvenes urbanos, y el mercado informal han comenzado a aparecer en cifras significativas en la prensa e informes de agencias gubernamentales. 5. El estado subjetivo de la población. La capacidad de articulación de consensos a favor del poder sobre la base del régimen actual parece haber alcanzado un límite infranqueable. La única manera de rearticular consensos es mediante mejoras relativamente rápidas y visibles de la cotidianidad en aspectos tales como el rescate de los deteriorados servicios públicos (transporte, salud, educación), la oferta estable de alimentos de la canasta familiar básica a precios accesibles, construcción de viviendas, tolerancia hacia las criticas y el disenso, libertades económicas para emprender proyectos autónomos de felicidad y respetar el derecho a ejercer libremente movimientos migratorios externos e internos. Frente a esas demandas expresadas por la población, el actual gobierno ha comenzado a crear expectativas de mejoría mediante la introducción de cambios muy graduales, concentrados principalmente en el levantamiento de restricciones absurdas que por años estuvieron en vigor, y en reformas en la agricultura. 6. La acumulación de situaciones criticas. La negligencia de pasadas décadas ha permitido el grave deterioro de la infraestructura de telecomunicaciones, portuarios, red vial, servicios públicos, alcantarillado, alumbrado y viviendas. Este último caso representa un problema social delicado ya que hay un déficit habitacional nacional de más de medio millón de viviendas y más de la mitad de las existentes se encuentra en mal estado o situación crítica próxima al derrumbe. Solamente en la capital hay unas 8,000 viviendas que albergan a unas 26,000 personas en esa situación extrema. La gran paradoja del régimen vigente consiste en que las herramientas empleadas hasta ahora para sostener la sociedad cubana, han pasado a ser barreras para su reproducción y gobernabilidad cotidiana: No es posible ofrecer empleos, alimentos, productos y servicios indispensables, sin levantar el monopolio estatal sobre la economía. No es factible elevar la eficiencia económica sin abandonar el régimen centralizado de toma de decisiones. El Estado ya no puede dar satisfacción a tareas económicas y sociales sin abrir espacios de autonomía y participación, tanto a sus empresarios, como a un sector privado emergente. Tampoco puede ser competitivo mientras el país presente la más baja conexión con Internet de todo el Hemisferio. La imposición de la salida definitiva del país a aquellos inconformes que optan por migrar no debe continuar, porque con ellos se va el talento, instrucción y juventud que un país en proceso de envejecimiento necesita cada vez más. No se puede lograr el consenso sin darle participación efectiva a la sociedad civil en la toma de decisiones. El llamado de Raúl Castro a la discusión controlada de problemas que afectan a la población desata una dinámica propia que ya reclama espacios donde ejercer debates sistemáticos, y medios para divulgarlos. Se reclama también que se den a conocer los planes del gobierno, los cuales hasta el momento no han sido divulgados, ni la prensa oficial ha publicado algunas de las medidas administrativas adoptadas. En este sentido se han pronunciado individuos, y organizaciones de la sociedad civil cubana en un amplio abanico que se abre, desde organizaciones de profesionales, hasta otras de origen religioso o de oposición. El proceso de discusión en las bases de las tesis política y económica del VI Congreso del PCC, que deberán regir las acciones del Estado y la sociedad en Cuba para los próximos años, será una oportunidad para que los cubanos comprometidos con el socialismo expresen cómo y cuáles reformas el Estado cubano deberá emprender, y el PCC secundar, en el régimen actual para que sea verdaderamente sustentable. Opciones y medidas implantadas Ante esta realidad, los líderes cubanos enfrentan tres opciones posibles: 1. Mantener el régimen vigente continuando la practica de captar inversiones, créditos y subsidios que compensen su incapacidad para generar riquezas nacionales que puedan ofrecer productos y servicios. En esta estrategia se menosprecia el valor de las pequeñas y medianas inversiones privadas nacionales o extranjeras. Se privilegian los negocios con grandes empresas transnacionales o publicas, y se persigue la quimera de “la gran solución”, como encontrar petróleo, descubrir la vacuna contra el VIH, o lograr un acuerdo seguro que aporte amplio y generoso financiamiento con un nuevo mecenas internacional estable. Se proporcionan espacios limitados y controlados de participación de la sociedad civil legalmente permitida. 2. Introducir algunas reformas al régimen vigente. Sostener el monopolio político total y compartir el poder económico con un sector privado nacional y extranjero, en un intento de fomentar la oferta de productos y servicios mediante la liberación de la producción mercantil. El objetivo seria cooptar el apoyo de la sociedad creando expectativas de mejora a corto plazo. Para ello, se impondría un fortalecimiento de la sociedad civil registrada oficialmente en su capacidad de participación en la toma de decisiones, con la consecuente ampliación de espacios de expresión y debates. 3. Iniciar la primera fase de transición hacia otro régimen. Compartir el poder económico con un sector privado, nacional y extranjero, e introducir gradualmente ciertos niveles de tolerancia y pluralismo sin todavía llegar a abandonar el monopolio del poder político por el partido comunista. En esta etapa, se levantarían las represiones contra la oposición y se abrirían espacios a un diálogo nacional con la sociedad civil registrada y no registrada oficialmente buscando un proyecto de desarrollo nacional sustentable que cuente con el consenso general. Las medidas adoptadas por Raúl Castro desde el 1 de agosto del 2006 hasta mayo del 2008, no exceden los límites de la primera opción de naturaleza esencialmente continuista. Las medidas adoptadas en el sector económico así lo ejemplifican, aun cuando algunas de estas medidas, como las implementadas en el sector agrícola y las aplicadas a salarios, pudieren generar una dinámica propia hacia cambios posteriores más radicales. En el centro de estas opciones está la tensión social entre demandas y escasos recursos, la cual fácilmente puede dañar la gobernabilidad si además algún evento inesperado aparece en escena. En las actuales circunstancias, un desastre natural, como un huracán, pudiere lanzar a miles hacia el desamparo y al éxodo hacia otras provincias o ciudades. Ejemplos de situaciones críticas son la región sureste de Cuba donde el 58 por ciento de la población, de mayoría negra, vive en la pobreza según indicadores oficiales; la región de Holguín, donde se han escenificado protestas por desalojos de barrios marginales, o la Isla de la Juventud, zonas todas que han sido recientemente visitadas por altos dirigentes en su doble función ante el Estado y el partido.
De momento, no se aprecian cambios en el tratamiento de la oposición interna, la cual el discurso oficial sigue presentándola como monolítica, vinculada en su totalidad a Estados Unidos y, en tanto contestataria, como enemiga de la nación. No obstante, en esta etapa se ha visto una ofensiva gubernamental contra la oposición, tanto en sus acusaciones públicas como en propuestas efectuadas en la Comisión de Relaciones Internacionales de la Asamblea Nacional. La represión ha continuado, aunque bajo nuevas modalidades en lo que se refiere al número de nuevas sentencias y de actos de repudio sistemáticos, como los organizados en los años 2006 y 2007. Se implementan detenciones breves, y se disuelven las manifestaciones pacíficas de opositores mediante el uso o no de la fuerza, siempre acompañadas la Policía y los cuerpos de la Seguridad del Estado de manifestantes civiles previamente organizados. Así quedó demostrado en las acciones llevadas a cabo contra un grupo de opositores en Villa Clara, en las que producto de las golpizas dos manifestantes requirieron de cuidados médicos; o la evitación de la fuerza en la disolución de la acampada en un área cercana a la Plaza de la Revolución por las Damas de Blanco, quienes sin constituir un grupo político organizado reclaman la liberación de sus familiares, en prisión desde la redada contra la oposición de 2003. Diseñar el futuro requerirá una dosis importante de pensamiento creativo para poder “pensar lo impensable” y cuestionar viejos axiomas. El haber promovido al nuevo Consejo de Estado y al Buró Político a figuras de avanzada edad, parece conspirar contra esa posibilidad. En aras de lograr eficiencia, se impone una división de poderes entre el Estado, el Partido y la sociedad civil en Cuba. La mayor o menor liberalización la determinará el éxito o fracaso del gobierno cubano en acceder internacionalmente a recursos crediticios, mercados y tecnologías sin necesidad de reformar el régimen vigente. A la tercera opción se llegaría solamente si llegasen a constatar la imposibilidad de que las dos primeras le permitan capear las expectativas y el descontento interno. Estados Unidos y la diáspora Dadas las actuales circunstancias en Cuba, no deja de ser importante el cambio de administración en Estados Unidos. Quien suceda en la presidencia de George W. Bush difícilmente competirá en proximidad a los criterios del ala más conservadora del exilio cubano. Bien sea John McCain, Hillary Clinton o Barack Obama el triunfador en los comicios de noviembre, es de esperar que al menos se flexibilicen las sanciones impuestas a las remesas y viajes de los cubano-americanos a la isla. De ser Obama el ganador, este nuevo presidente afro descendiente implementaría, según ha expresado, un acercamiento al diálogo con La Habana que mellaría el tradicional llamado a “enfrentar al enemigo” utilizado por la dirigencia cubana para el ejercicio de su política de movilización popular. Consideramos que existe una diferencia entre diáspora y exilio. Entendemos que el exilado es aquel que decidió abandonar su país a partir de ciertas ideas o convicciones políticas o morales y/o temor legítimo por su libertad o seguridad. Desde 1959, y hasta fines de los años 70, ese fue el tipo de personas que predominó en las comunidades cubanas asentadas en el exterior. Después del Mariel (1980) y de sucesivos acuerdos migratorios que flexibilizaron las salidas del país, un mayor número de personas decidió emigrar para buscar nuevos horizontes de prosperidad convencidos de que el sistema cubano no se los brindaría, pero sin sentir por ello la necesidad de comprometerse en un activismo político contra el gobierno cubano. Su resentimiento contra el régimen está enraizado en el trato vejatorio que reciben desde que se conocen sus intenciones de migrar, y en el conjunto de represalias que –sin haberlas provocado políticamente- se vuelcan sobre ellos por esa razón (confiscación de bienes, imposibilidad de relocalizarse en su patria si así lo desearan, requisito de solicitar un permiso de entrada para visitar su país de origen, el cual puede ser denegado sin mediar explicaciones). Por diáspora entendemos al conjunto de cubanos asentados en el exterior, de los cuales el exilio –su zona de activismo político organizado- es apenas una fracción. El gobierno cubano podría plantearse una política de normalizar relaciones con la diáspora previa a una reconciliación con algún sector del exilio. Para ello tendría que tomar en cuenta sus demandas económicas y civiles (derecho a entrar, salir y relocalizarse libremente, cese de las políticas de hostigamiento y castigo a los migrantes, revisión de las abusivas tarifas telefónicas y del costo de tramites de viajes y remesas, así como abrir la posibilidad de que sean actores en el desarrollo económico del país). También tendría que liberar a cerca de 200 presos políticos (insignificante cifra en comparación a los 3,600 que fueron liberados en 1979) y asumir una postura de reconciliación hacia viejos enemigos. Sin embargo, la actitud del nuevo Consejo de Estado hacia la diáspora cubana no es muy alentadora, hasta el presente. La reunión reciente convocada por la cancillería con un grupo seleccionado de cubanos residentes en el exterior dispuestos a apoyar las políticas oficiales, significó un paso atrás con relación a otras reuniones anteriores en las cuales se mostró más flexibilidad pluralista. El gobierno no ha sido receptivo hasta ahora a los llamados a la no violencia y reconciliación expresados por algunos grupos influyentes del exilio cubano. Prevalece una visión obsoleta acerca del exilio y la diáspora, que no corresponde a la realidad de cerca de dos millones de cubanos residentes en todas partes del mundo, con centros importantes no sólo en Estados Unidos, sino también en Europa e incluso en países distantes como Australia. La dinámica política creada a partir del conflicto entre la Unión Europea y Cuba, ha hecho que acciones políticas importantes de exiliados, que se pronuncian por cambios no violentos, se desarrollen en España, Suecia o Praga.
Dentro de Estados Unidos, la suma de varias generaciones de exiliados, y el fracaso de los programas de acciones violentas, desplaza cada vez más a la simbólica Calle Ocho de Miami de ser el centro político de la comunidad de exiliados en ese país. Se aprecia en varias organizaciones importantes del exilio una evolución significativa hacia nuevas formas de aproximarse a la situación en Cuba, alejadas de actuaciones precedentes, en un intento por lograr sus metas sin desconocer las nuevas circunstancias de la isla. El hecho de que una organización de exilados, tradicionalmente pro republicana como la Fundación Nacional Cubano Americana, le extendiese invitaciones al candidato republicano y a los dos aspirantes a la nominación demócrata para hablar ante la comunidad de Miami –la cual fue respondida por Barack Obama--, es sin duda señal de que también en la Florida hay procesos de cambio en la mentalidad de los cubanos. La diáspora y un segmento influyente del exilio cubano pudieran ser receptivos a gestos de buena voluntad provenientes del gobierno actual. Pero, hasta el momento, las autoridades de la isla parecen estar más interesadas en cultivar la buena voluntad de países foráneos –incluyendo Estados Unidos—sin darse cuenta que una normalización de relaciones con la diáspora está más a su alcance y pudiera rendirle más beneficios, incluido el mejoramiento de relaciones con gobiernos hostiles. Una política de normalización de relaciones con la diáspora: a) aislaría los sectores más radicales del exilio que abogan por el sostenimiento del embargo, las sanciones y la confrontación; b) sería reconocida, tanto por la UE como por la próxima administración en EEUU, como un cambio de política a tener en cuenta para levantar sanciones y abrir puertas a la cooperación; c) abriría canales para el inmediato flujo de capitales a través de las remesas y posibles micro financiamientos que pudieran ser utilizados por los receptores para la producción cooperativa en la agricultura o micro empresas urbanas. Dentro de la sociedad civil cubana, se han escuchado reiteradas expresiones de reconciliación hacia la diáspora, unido al reclamo de suspender los permisos de entrada y salida a la población, como se demostró en los debates nacionales de los últimos meses y en las discusiones del VII Congreso de la UNEAC. Es de esperar que el proceso de discusiones que se abrirá previo a la celebración del VI Congreso del PCC le dé continuidad a esta tendencia, con el aval de provenir de la masa de militantes comunistas.
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